miércoles, 21 de enero de 2026

Seguramente a todos nos gustaría vivir en un mundo pequeño, como los pequeños pueblos, donde con dar unos pocos pasos pudieramos llegar hasta los problemas y con un poco de buena voluntad solucionarlos; no es así y para solucionar los problemas que nos quedan exageradamente grandes a los ciudadanos no nos queda otra que darnos la mano unos a otros y formar grandes cadenas de fuerza con las que mover, arrastrar más bien, las rocas que nos aplastan poco a poco. A pesar de que no parezca a primera vista tener relación con lo que este block representa, he decidido plasmar aquí parte de mis pensamientos, con la intención de dar escape a mis sentimientos y remover pensamientos a quien decida perder unos minutos en su lectura. Santiago del Pozo Cuevas.

NACICAS

Cuando nos enfrentamos a una amenaza lo primero que debemos hacer es identificarla y definirla. Hace tres años, después de mucho trabajo y esfuerzo habíamos conseguido que la mayor parte de la población mundial se percatara de las causas y las consecuencias del cambio climático, muy a pesar de la oposición de muchos gobernantes y núcleos de poder económico que tenían en las energías fósiles su fuente de financiación y enriquecimiento. Y cuando la última carta de esa oposición iba a caer, ellos la jugaron. Esa carta era LAS GUERRAS.

Comenzaron a crear diferencias y guerras entre personas, pueblos y naciones hasta entonces hermanados y desviaron nuestra atención y nuestros recursos hacia la lucha contra nuestro igual, en lugar de defendernos contra el inminente avance del cambio climático y su destrucción.

Como si de un demonio se tratara, la vagancia, el egoísmo, la envidia, el odio, el desprecio, y todos los pecados posibles, gobernadas por la estupidez, se adueñaron de parte de los políticos mundiales y de la población, aupándolos hasta el poder.

Consiguieron cegar nuestra inteligencia, nuestros conocimientos, nuestra moral, nuestra fe y nos colocaron en una situación de alerta constante frente a nuestro vecino, que nos quiere ocupar nuestra casa, robar nuestras riquezas y quitar la vida.  Y al vecino, le convencieron de que todo lo nuestro era suyo por algún derecho divino que no alcanzamos a ver y que somos nosotros quienes selo hemos arrebatado.

Si hacemos una vista general de la situación mundial nos daremos cuenta de que estas palabras se amoldan perfectamente a los sucesos de cualquier parte del  mundo.

Parece que ahora ya nadie considera que el mundo es de todos y hay mundo para todos si vivimos en paz y trabajamos juntos para cuidar de él.

Hace tres años habíamos identificado la amenaza del cambio climático, prácticamente insalvable, esa que es capaz de arrasar en un día con pueblos enteros reduciéndolos a escombros y lodo, que convierte una chispa en miles de hectáreas calcinadas, que nos ahoga con temperaturas de más de 40º durante semanas enteras. Ahora la hemos dejado de lado, de la mano de quienes voy a denominar NACICAS, Nacionalistas Capitalistas, por su semejanza en el modo operativo a los Nazis, que cubrieron a su pueblo del sentimiento victimista y de un odio hacia los demás que les avocó a la Segunda Guerra Mundial. También podríamos denominarlos Narcisistas, por autoconsiderarse los únicos agraciados por Dios.

Hemos pasados de reducir las energías fósiles a encender la locomotora de la maquinaria bélica, la más contaminante y cuyos efectos, lejos de lograr un mayor desarrollo de los pueblos son la destrucción de las vidas de las personas y de parte de sus bienes.

Pero de paso, estas guerras no sólo buscan cambiar las distribución de los bienes que nos ofrece la naturaleza sino que busca modificar las normas, los valores de la Humanidad, cambiando el “todos los seres humanos somo iguales y tenemos los mismos derechos” por “sólo los ricos tienen derecho a existir”, “los poderosos tenemos la obligación de asistir a los débiles” por “los poderosos tenemos derecho a ejercer toda nuestra fuerza sobre los débiles para hacer cumplir nuestros deseos” y “todos somos hijos de un mismo Dios” por “nuestro Dios es el verdadero y nosotros somos sus elegidos”. Ya han dado los primeros pasos, destruyendo Gaza porque tenían armamento para hacerlo sin temer a nadie. Después sometiendo a los gazatíes a hambruna y por último asesinándolos a capricho mostrándonos que su vida no tenía ya valor. Pero su vida sí tiene valor, como la de cualquier ser humano, aunque estén arruinados, aunque su aspecto no sea saludable, aunque tengan otra cultura y otra raza. Ahora siguen avanzando contra pueblos más consolidados como el ucraniano y el venezolano. Cualquier excusa es válida, proteger la integridad territorial, luchar contra el terrorismo, las drogas o los dictadores. Las escusas no son las razones, las razones son rapiñar las riquezas naturales de esos países, necesarias para mantener el alto nivel de vida de sus habitantes y someter bajo el miedo al resto de países para que se entreguen a sus deseos.

Y aquí estamos el resto de la Comunidad Internacional, especialmente la Unión Europea, poniéndonos de lado para no salpicarnos, del mismo modo que lo hizo Francia, Inglaterra y la Unión Soviética en los comienzos de la Segunda Guerra Mundial.

Estamos en la Tercera Guerra Mundial y no lo queremos aceptar. Asumámoslo, y asumamos que no podemos ganar una guerra militar contra estos dictadores enmascarados y mucho menos si no la reconocemos,  y démonos cuenta que nuestra única arma es la económica. No se trata de sacrificar nuestras vidas sino de ser capaces de sacrificar nuestros empleos y nuestro nivel de vida. Debemos arrinconar económicamente a esas naciones para que sean conscientes de que todos necesitamos a todos, que la fuerza militar no tiene cabida en este mundo y que los ciudadanos de esos países castiguen a esos dirigentes narcisistas apartándolos del poder, mientras puedan. Si no lo hacemos bloqueando las relaciones económicas con los países que vulneran la legalidad internacional, en poco tiempo perderemos todo, en especial la LIBERTAD, eso que tantas veces enarbolamos como nuestra bandera y que parece que tan poco nos cuesta sacrificar.

Y si no ganamos esta guerra, más allá de la pérdida de libertad, no quedaran flores ni abejas por las que luchar, la Naturaleza que tanto nos maravilla morirá y nuestra vida en el planeta Tierra no será viable por mucho tiempo.


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